La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio, de Carmen Turrent

La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio, de Carmen Turrent

“Después de una guerra cristera cruenta y siniestra, México, hereje y fanático, quedó profundamente dividido. Tardó mucho en componerse la situación religiosa en la República y desde luego en Michoacán. Aunque habían pasado los años, no terminaban de abrirse los templos. Escaseaban los curas. En Tlalpujahua no había a quién pedir permiso para una exhumación. Así que Rómulo decidió hacerlo a su manera. Siete años después de muerta Marcela, tenía que cumplir la promesa que le hiciera en el lecho de muerte: desenterrarla para pasar sus restos al atrio de la iglesia. Tal cual ella se lo había pedido. No le sería fácil cumplir. Por precaución, eligió una tarde de esas en que la lluvia persiste y cala. Cubriéndose con una bocamanga de hule, se fue al panteón. Durante el trayecto pisó con cuidado las piedras que cubrían la calle. Las lluvias habían enlamado la superficie de algunas de ellas. Camino al cementerio miró en varias ocasiones hacia atrás para cerciorarse de que nadie lo siguiera, pero cómo podría ser eso, quién podría saber sus intenciones. Anduvo apresuradamente y, después de un rato, llegó al arco de cemento que anunciaba el inicio del camposanto. Inconscientemente leyó lo que rezaba en lo alto de la arcada: Silencio, por los que descansan en paz.” (Fragmento de La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio, La Equilibrista, 2020)

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